FILOSOFIA, MINIMO MOVIMIENTO HUMANO, SALUD GLOBAL

CONDENADOS A MOVERSE

octubre 1, 2019

Nunca ha sido tan fácil aprender a bailar. Disponemos del tiempo y los recursos. Y sin embargo la mayoría de personas de mi generación apenas pasamos de un simple cabeceo apoyado en la barra del bar cuando suena una canción. Y no es porque seamos más torpes que nuestros padres. Aunque vamos camino de ello, por falta de práctica más que nada.

BARRA LIBRE DE MOVIMIENTO PARA EL HUMANO PEREZOSO

Es posible  que vivamos en la mejor época de la historia de la humanidad para explorar las posibilidades de movimiento del cuerpo humano. La mecanicazación del trabajo nos ha liberado de multitud de tareas físicas penosas pudiendo utilizar ese excedente de energía vital para otros menesteres más lúdicos. Y sin embargo, somos la generación más sedentaria de la historia.  Esta también va a ser una época contradictoria en muchos aspectos como luego veremos. Hace no tanto que nuestros abuelos realizaban de manera manual prácticamente todas las tareas de la vida diaria, desde lavar la ropa a labrar la tierra. A pesar de ello, todos sabían defenderse con una jota o un pasodoble el día de la fiesta del pueblo. Esto va para todos aquellos que dicen que no tienen tiempo para moverse. Por si el ejemplo no fuera sufiente, os informo que cada español emplea una media de 2 horas y 11 minutos al día navegando con su móvil. Parece que nuestros ascendientes no solo nos ganaban en cantidad de movimiento, si no en gestión del tiempo.

Pero hay una explicación a esta pereza enfermiza: hemos evolucionado en un entorno en el que el ahorro de la energía era imprescindible para sobrevivir. La energía era un bien escaso. El movimiento no era voluntario si no, obligatorio. Para conseguir comida, para defendernos. Es más, incluso el movimiento «voluntario» tenia como función practicar habilidades que nos servirían en la vida real. Muchos de los juegos y danzas que forman parte de las culturas  son en realidad simulaciones de peleas, de huidas… De hecho es muy fácil encontrar semejanzas entre juegos y danzas de culturas muy diferentes. Esto es debido a que las habilidades requeridas para sobrevivir también lo eran. En definitiva juegos y bailes surgieron como una forma de entrenamiento para situaciones que pudieran darse en la vida real. Era un gasto de energía que merecía la pena.

VICTIMAS DE NUESTRO EXITO

Hoy en día sufrimos varías anacronías en cuanto a la necesidad de movimiento. Ya no es necesario que nos movamos para conseguir comida. Un solo click basta para tener sobre nuestra mesa más energía de la que podemos gastar en todo el día. Hay abundancia de energía, pero nuestro cerebro primitivo todavía no se ha enterado, por lo que nos insta al ahorro. Ser perezoso era una estrategia evolutiva que funcionaba en el pasado. No solo tu cerebro no se ha enterado de lo fácil que es ahora sobrevivir sin moverse, si no que el resto del cuerpo tampoco. Así que cada uno de tus sistemas fisiológicos que han evolucionado en un entorno de movimiento necesitan que te levantes del sofá para funcionar correctamente. El humano del siglo XXI tiene una condena: debe moverse a pesar de no apetecerle. Ser esclavo de las leyes de la naturaleza es una cura de humildad en una sociedad hedonista, antropocéntrica, irresponsable y desconectada de su cuerpo y de su entorno.

Elegir moverse es obligatorio. Que extraña paradoja. Desvincular la supervivencia (en sentido estricto) de nuestras capacidades físicas tiene la ventaja de que ante la falta de una motivación vital para el movimiento (obligatoria) podemos disfrutar de una motivación creativa. Podemos elegir la manera en que queremos movernos, pero no podemos elegir NO movernos. Porque una cosa es sobrevivir y otra cosa es vivir una vida que merezca la pena.

Puedes verlo como una condena. Yo lo veo como una bendición: nunca ha sido tan fácil aprender a bailar.

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