TRIATLON SALVAJE

CULTURA DEL MOVIMIENTO: CAMINO A LA LIBERTAD

octubre 10, 2019

Si tuviera que definir con una palabra lo que significa para mi el concepto «cultura del movimiento» sería fácil: libertad. Libertad para «perder el tiempo» explorando el vasto océano del movimiento. Pero también la libertad de moverse como uno quiera. De ser como uno es. En pocas ocasiones tenemos la ocasión de ejercer una libertad tan pura como cuando nos movemos. También diría que es un concepto muy democrático: todo el mundo que tiene un cuerpo, puede moverse. Y todo movimiento añade una gota más de agua en ese océano.

CULTURA DEL MOVIMIENTO: MI VIAJE INICIATICO

Inicialmente el título de este apartado iba a ser «Cultura del movimiento: los orígenes», pero creo que sería injusto adjudicarle este concepto solo a una persona o grupo de personas. Como he dicho en otras entradas, gracias al hecho de que ya no necesitamos movernos para sobrevivir, prácticamente todo el movimiento que practicamos hoy en día podría denominarse movimiento cultural. Esto es, el movimiento que nos hemos inventado para darle a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita en cuanto a actividad física.

Por ello, la cultura del movimiento no se puede empaquetar, y tampoco se puede explorar en su totalidad. El movimiento y la capacidad para encontrar nuevas formas de movimiento son infinitas. Como también lo es nuestra necesidad de expresión (a través del movimiento o de cualquier otro arte). Por eso TODO es cultura del movimiento, y (casi) TODO es movimiento cultural.

Esta es la razón por la que creo que no es un es un concepto que pueda adjudicarse a una persona, si no a la humanidad en su conjunto.

FILOSOFIA DEL MOVIMIENTO

Sin embargo, si que hay personas que me han ayudado a reflexionar sobre este concepto para crear mi propia voz con respecto a él. Personas que considero que con su particular visión del movimiento y su manera de transmitirla, nos inspiran a otras para que cambiemos nuestra percepción. Estos filósofos están ahí, pero solo los entendemos cuando se dan las circunstancias en nuestra vida para que así sea. De alguna manera, el viaje empieza mucho antes de conocer al «mentor».

Desde hacía bastante tiempo, no me gustaba la manera en la que enfocábamos el movimiento desde mi profesión, la fisioterapia. Sentía que teníamos una visión extremadamente reduccionista y simplificada de lo que significa moverse. De repente, un ejercicio concreto se convertía en la panacea para el dolor de la tendinopatía rotuliana. Pero ojo, ejecutado de una forma muy concreta, en unos grados determinados y con una carga siempre tirando a lo bajo. En todos los cursos sobre la temática, se enseñaba «EL EJERCICIO», para quedar obsoleto poco tiempo después con la aparición de la siguiente solución definitiva.

Pasado un tiempo, los fisioterapeutas comenzamos a aprender que el cuerpo es increíblemente adaptable, lo cual ya es un avance muy importante. Pero siento que este aprendizaje solo fue teórico, que seguíamos buscando «el movimiento» que solucionaría un problema determinado. Y la carga seguía siendo baja, no fuera a ser que el paciente se nos rompiera. Parece que ni nosotros mismos nos creemos nuestras propias evidencias (más que contrastadas), ya que tenemos miedo a llevarlas a la práctica con todas sus consecuencias.

Sentir tantas incoherencias, al final te lleva o bien a ponerte una venda en los ojos o a emprender tu propio camino en busca de respuestas.

EMPRENDER EL VIAJE Y JUGARSE LA PIEL.

Cuando buscas respuestas, lo normal, si lo haces con diligencia, es que las encuentres. De repente Ido Portal me tiró un cebo y lo mordí. Cuando esto ocurre ya no hay marcha atrás (para bien y para mal) . Pero Ido Portal no apareció por casualidad, apareció cuando hice las preguntas adecuadas. Y es que ya llevaba mucho tiempo estudiando sobre la fisiología del dolor. Sobre conceptos como mecanotransducción de los tejidos y la increíble capacidad del cuerpo para adaptarse al estrés. Sobre aprendizaje motor y variabilidad de movimiento. El viaje por lo tanto, hacía mucho tiempo que había empezado y los filósofos del movimiento simplemente actuaron como catalizadores de la experiencia. Ese es precisamente su papel, retarte para cambiarte.

Ido Portal, Joseph Bartz o Rober Sanchez (entre otros muchos que no voy a citar pues me sería imposible) me enseñaron precisamente que no debía preocuparme tanto. Que mientras me asegurara de conservar de la capacidades básicas humanas, era libre para moverme. Y que debía permitir también ejercer esa libertad a mis pacientes. Me hicieron entender que la razón por la que la mayoría de fisioterapeutas no son buenos enseñando movimiento es porque tenemos miedo al movimiento. Y esto es así porque no nos movemos. Triste pero real, los que deberían ser «expertos en movimiento y salud» no son mucho mejores que el humano sedentario medio. Y en el mejor de los casos son sedentarios activos que practican una actividad determinada 3 o 4 veces por semana. Los expertos en movimiento no tienen interés en navegar por el océano del movimiento.

Soy una firme defensora de hablar con los actos. Así que me prometí a mi misma explorar MI movimiento antes de enseñar a los demás a hacerlo. Y en ello sigo. Desde entonces mi manera de abordar a mis pacientes es totalmente diferente a mi yo del pasado y a otros compañeros. Lo cual ha supuesto un reto, un continuo cuestionamiento de mis métodos por incumplir las expectativas de muchos de mis pacientes que esperaban de mi un masaje. A esto es a lo que yo llamo jugarse la piel. Y me ha enseñado el valor de la honestidad y de tener unos principios sólidos.

LA DESVIRTUACION DE LA CULTURA DEL MOVIMIENTO

Cuando conocí a los filósofos de movimiento y me adentré un poco en su manera de concebir el movimiento, me di cuenta de que existía una gran comunidad de personas que aplicaban sus enseñanzas. Esto me animó. Ver que no eres la única persona que cuestiona el status quo de la industria del fitness y el movimiento siempre tranquiliza y te anima a seguir adelante.

Enamorada por el concepto, caí en el error de querer ser como ellos. De querer imitarlos. De alguna manera, yo que huía de unos gurús me estaba dejando llevar por otros gurús. De repente ser generalista (algo a lo que Ido Portal hace referencia constantemente) era hacer handstand, conseguir un side split y hacer malabares con pelotas. Cosas que en realidad nunca me habían interesado y que poco tenían de generalistas. Desde luego, ver todos estos trucos ejecutados por un experto (experto, que no generalista) impresiona. Y te enamoras del resultado. Si el tiempo fuera infinito, yo también querría ser capaz de hacer todo eso. Sin embargo, no era capaz de disfrutar el proceso. Y la razón era porque estaba persiguiendo sus objetivos, no los míos. Estaba recorriendo su camino, no el mío.

PENSAMIENTO CRITICO

Es imposible explorar todo el patrimonio motriz del que disponemos. Al final, estamos obligados a decidir. Decidir lo que a cada uno le guste y ser capaces de renunciar a lo demás . Y es que ya hablamos aquí porque ser generalistas no debería ser nuestra máxima aspiración. Como tampoco deberíamos demonizar la especialización.

Creo nos hace falta ser capaces de separarnos un poco de las personas que nos influencian para crear nuestra visión propia. Ido Portal no es un generalista. Es una persona con un gran potencial, que ha enfocado su práctica en varias disciplinas (capoeira, jiujitsu, danza, gimnasia deportiva, movilidad, fuerza, malabares y juegos de habilidad y velocidad…) que conjuga de una manera única. No es necesario imitar lo que él hace para aplicar su filosofía. En ese sentido, Rober Sanchez, tiene una visión bastante crítica sobre el tema que me encanta.

EL HUMANO GREGARIO

No dejarse llevar por lo que hacen nuestros ídolos es difícil. El ser humano es adicto a las etiquetas y a tener todos los conceptos perfectamente definidos. Por eso necesitamos autoproclamarnos movers, en un afán por diferenciarnos del resto de personas que también se mueven, pero por alguna razón que desconozco no son movers. Y además son peores (reconócelo, solemos creernos superiores al de la tribu de al lado).

Por eso, en la foto de presentación de este post no has encontrado una persona haciendo una acrobacia imposible (muy típica de este corriente «mover»). Correr por el monte es cultura del movimiento. Bailar una jota es cultura del movimiento. Hacer un handstand a una mano es cultura de movimiento. Pasear por el parque es cultural del movimiento.

La cultura del movimiento tiene más que ver con la mente del principiante con la que te expones a y exploras el movimiento que con la actividad concreta en la que centras tu práctica. El movimiento es increíblemente complejo y precisamente es eso lo que lo hace tan atractivo e infinito en sus posibilidades. Tiene más que ver con una mentalidad de mejora constante y exposición a estímulos cada vez más variados y desafiantes que con conseguir movilidades extremas. Tiene que ver con encontrar TU movimiento y salirte de las etiquetas. Tiene que ver con la libertad. Con la riqueza y la variedad. Y con moverse.

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