FILOSOFIA, MINIMO MOVIMIENTO HUMANO, SALUD GLOBAL

DOMESTICADOS: EL HUMANO DESADAPTADO

octubre 25, 2019

Pregunta: ¿Cómo entrenar a un tigre para que sea un tigre? Respuesta: un tigre no necesita entrenar. Para ser un tigre simplemente necesita estar vivo. El entorno ya se encarga de moldearlo.

El hecho de que nos planteemos que un ser vivo necesite entrenamiento para «ser» obedece a una sola razón: está domesticado. Esto quiere decir que ha sido posible crear un entorno artificial en el que no es necesario desarrollar habilidades propias de su especie para permanecer con vida. De alguna manera nos hemos convertido en «dioses» como explica Yuval Noah Harari. Tras 4 billones de años de selección natural «pura», actualmente nos encontramos en una frontera donde nuestra capacidad para modificar el ambiente nos permite superar muchas de nuestras carencias físicas e intelectuales. De esta manera, individuos que en un entorno salvaje no habrían sobrevivido, hoy lo hacen. Pero esto tiene un precio.

Como explica Harari, durante siglos hemos modificado el mundo que nos rodea, para que sea menos hostil con nuestras carencias. Esto es literalmente superar la selección natural,y lo hemos logrado gracias al desarrollo tecnológico. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de modificarnos a nosotros mismos. Seguimos siendo Homo Sapiens, con prácticamente las mismas necesidades que hace miles de años. Así, al igual que nuestras carencias son menos decisivas para nuestra supervivencia, tampoco estamos tenemos capacidades optimizadas a este nuevo mundo que hemos creado. Somos por decirlo así, animales en una granja: se nos ofrece todo lo necesario para sobrevivir, pero no para tener calidad de vida ya que nuestros sistemas no están 100% adaptados a la granja.

LA CARA «B» DEL PROGRESO

No estar adaptados al mundo que hemos creado plantea una serie de problemas: las tasas de cáncer, depresión, diabetes y obesidad… no paran de aumentar. Y esto es la consecuencia de mezclar un cuerpo que no ha variado significativamente en los últimos miles de años con un entorno que demanda otras habilidades. La habilidad de ser sedentarios, de procesar mucha información simultáneamente, de ser felices a pesar de que nuestros hijos vivan a miles de km de distancia. Sin estas habilidades podemos sobrevivir una cantidad significativa de años gracias a la tecnología, pero nuestra calidad de vida se vera francamente mermada. Así, nuestros cuerpos todavía están programados para sobrevivir en un entorno salvaje. Pero nuestro entorno ha dejado de serlo. Hay una desincronización entre los problemas a los que nuestro cuerpo espera (y esta preparado para) enfrentarse, y los problemas a los que efectivamente nos enfrentamos.

El entorno «cómodo» que hemos diseñado nos plantea desafíos a nivel físico mucho menores de lo que los hacía hace apenas 2 siglos. Sin embargo, como expliqué en esta entrada, nuestro cuerpo (y nuestro cerebro) ha evolucionado para funcionar y mejorar cuando se ve sometido a las difrentes presiones físicas que plantea el entorno. Por eso, todavía obtenemos una gran recompensa al someternos a dichos estresores. Recompensa en forma de una mejora en nuestro metabolismo, nuestra capacidad de concentración, nuestro estado emocional, nuestro manejo del estrés, nuestra composición corporal… En fin, sería imposible citar todos los beneficios de esta exposición al estrés de corta duración. Nuestros cuerpos son maquinas de adaptación, que mejoran en un bucle infinito de retroalimentación positiva entre estrés y mejora. Y es este bucle el que nos ha hecho llegar hasta nuestros días.

RETORNO A LA CASILLA DE SALIDA.

Las soluciones que han demostrado ser útiles para paliar estos problemas han sido precisamente una vuelta a los orígenes: comer comida real evitando ultraprocesados, realizar actividad física desafiante, sincronizar nuestros relojes circadianos, realizar ayunos … Es decir, volver a ser un poco más «homo sapiens». De alguna manera, los problemas contra los que hemos luchado durante miles de años, son ahora parte de la solución.

ENTRENAMIENTO: UN INVENTO RECIENTE

Como explicaba en la introducción, ningun animal salvaje necesita entrenar. Al menos de la manera en la que actualmente concebimos el entrenamiento. Así, entrenar es un constructo social que hemos inventado para estimular nuestro cuerpo de la manera que espera y para lo que ha evolucionado. Y obtener esas recompensas de las que hablabamos antes. Y es que, hasta hace poco, entrenar era algo que solo hacían aquellas personas que dependían de su físico para «sobrevivir». No sobrevivir en el sentido estricto, si no en el sentido figurado. Esto es: ganar dinero, que es la manera en la que nos garantizamos la supervivencia hoy en día. Deportistas, bomberos, policías, militares… todas estas personas entrenan desde mucho antes que se generalizara entre el resto de la población. Pero tenía un enfoque puramente utilitarista: probablemente si hubieran podido evitarlo, lo habrían hecho, como el resto de la población.

ENTRENAMIENTO: UN MAL NECESARIO

Actualmente, nuestra sociedad occidental, en la que hemos padecido de manera dramática los efectos del sedentarismo, se ha dado cuenta de la necesidad de entrenar «sólo» para tener salud. Entrenar es algo que se hace deliberadamente (muchas veces con pocas ganas) para no sufrir los efectos de nuestro estilo de vida. La domesticación nos ha garantizado la supervivencia, pero no la calidad de vida. Esta, debemos trabajárnosla con esfuerzo.

Insisto en que esto de entrenar es un invento que surge en los países desarrollados para dar respuesta a los problemas que nos hemos creado en nombre del avance. Y es que si algo me ha llamado la atención cuando he viajado a otros países que llamamos del tercer mundo es que allí nunca ves a nadie «haciendo deporte». Y de hecho tu mismo piensas que no tiene ningún sentido hacerlo. En estos países, el entorno es tan hostil, que es un deber ahorrar energía vital para poder hacer frente a los desafíos del día a día. Desafíos con una gran carga física, la mayoría de las veces.

DEPORTES: LUJOS DE MOVIMIENTO DEL HUMANO DOMESTICADO

Derrochar una gran cantidad de energía en una actividad cuyo objetivo no es la pura supervivencia es un lujo que solo nos podemos permitir cuando la tenemos garantizada. Por ese motivo, no vi a ningún nepalí haciendo running o trekking. Dadas sus condiciones de vida, esta más justificado descansar en su tiempo libre que malgastar valiosa energía corriendo por placer.

Durante miles de años, el ser humano ha vivido así, intentando ahorrar el máximo de energía posible. Esto no quiere decir que no jugáramos. El juego existe desde que el hombre es hombre. Era una manera de aprender habilidades útiles de una manera divertida, lo que aumentaba la motivación para practicar estas habilidades. Los juegos han sido desde siempre estudios pilotos de situaciones reales. Por ello, ese gasto de energía merecía la pena.

Actualmente, hemos llegado a un extraño punto en el que la gente tiene lesiones por no moverse y por otro lado tambien se lesiona por hacer deporte. Esto quiere decir que puedes tener tu sistema de movimiento perfectamente saludable a pesar de no hacer deporte si te mueves de manera variada y estimulante. Y viceversa: el deporte puede ser el responsable del deterioro de tu sistema de movimiento.

Los deportes, suponen requerimientos extras para tu sistema de movimiento. Si quieres disfrutar, previamente vas a tener que equipar a tu cuerpo con algunas herramientas. Esto cambia radicalmente el prisma desde el que vemos los deportes donde no se hace deporte para tener salud si no que se debe tener salud para practicar deporte (y disfrutar). De nuevo, el deporte es un lujo que se permite el humano domesticado.

Y SI NO HAGO DEPORTE, ¿QUE HAGO?

El deporte tiene un caracter lúdico y social. Y la prueba de ello es la cantidad de personas amateur que continúan practicando su deporte a pesar de estar lesionados, lo cual entra en total conflicto con esa visión de deporte = salud. Una de las frases más escuchadas en mi clínica es «haz lo que quieras pero no me quites de correr». O la cantidad de personas que no se moverían si no hubiera una competición a la que ir. No hay más que observar el negocio que hay con las carreras populares, los trail de montaña… etc En estas circunstancias, ¿podríamos decir que el deporte se ha convertido en una droga? Una droga que te hace sentir bien pero también te esta haciendo daño. Una conducta que no controlas por completo.

En ningún caso estoy animando a la gente a que deje de practicar deporte. Es uno de los placeres de la vida. Y desde luego esos beneficios sociales y lúdicos son muy importantes. Sin embargo, el hecho de que te muevas o no, no puede ir ligado a esas recompensas psicológicas o sociales. Porque si estas desaparecen, dejaras de moverte. Porque cuando el movimiento se convierta en una fuente de lesión serás incapaz de dejarlo. Porque en estas circunstancias no actúas racionalmente, ni harás lo que debes hacer.

CONCLUSION

No puedes esperar que todos tus deberes vengan acompañados de una recompensa a corto plazo. Esto es, debes moverte incluso si no es divertido. Incluso si no te apetece. Pronto descubrirás la agradable sensación de hacer lo que debes en lugar de lo que quieres.

Mantener nuestro sistema de movimiento en estado óptimo, en muchos casos requiere grandes dosis de persistencia. De hacer cosas que no nos apetece hacer. Y muchas veces no tiene una recompensa en forma de dopamina a corto plazo. Pero es vital para mantener nuestra salud a largo plazo. Este a veces «aburrido» trabajo es el precio que tenemos que pagar por el lujo de tener garantizada la supervivencia. Ponernos las cosas difíciles es la moneda de cambio para que el humano del siglo XXI aspire a tener calidad de vida.

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