MINIMO MOVIMIENTO HUMANO, NEUROCIENCIA DEL MOVIMIENTO

PRACTICA VS ENTRENAMIENTO

octubre 29, 2019

Como expliqué en la anterior entrada, una de las cosas que me llamó la atención en mi viaje a Nepal, es que no vi a nadie haciendo ejercicio o entrenando. Algo que en nuestro país damos por hecho y se recomienda constantemente, allí parecía no tener sentido. A pesar de ello, vi pocos hombres obesos. Y muchos hombres bastante más fuertes que la media de mi país. Vi personas que me sacaban 40 años haciendo una sentadilla profunda de reposo que para mí la quisiera. Pero no vi consultas de fisioterapeutas o gimnasios. Podríamos contentarnos diciendo: «no hay fisioterapeutas porque no es pueden permitir esos lujos». Sin embargo, mi experiencia como fisioterapeuta es la contraria: nosotros vamos al fisio o al gimnasio porque no nos podemos permitir el lujo de mantenernos en verdadero movimiento en nuestra vida cotidiana.

CONFUNDIR LA PRACTICA CON EL ENTRENAMIENTO

El hecho de que estas personas no entrenen tiene una explicación: su entorno es lo suficientemente estimulante como para no perder capacidades físicas. Simplemente ponen en práctica estas capacidades para sobrevivir, y esto mismo es suficiente para mantenerlas.

Mi concepción del entrenamiento parte de la base de que en la mayoría de los casos es un mal necesario: hemos perdido una capacidad y trabajamos para recuperarla. Cuando superamos esta fase, estamos en condiciones de decidir si queremos ampliar nuestra caja de herramientas con algunas específicas que nos permitan disfrutar más de una actividad concreta. Como se dice suele decir: cuanto más azúcar, más dulce. En cualquier caso, estas herramientas accesorias no serían la base del entrenamiento en el humano medio.

Por supuesto, no me estoy refiriendo en ningún caso al tipo de entrenamiento al que se somete un deportista de élite o un trabajador con unos requerimientos físicos muy específicos. En este caso estaríamos hablando de hiperespecialización y rendimiento. Lo cual tiene unos riesgos específicos (que la mayoría de nosotros pienso no deberíamos asumir), y que deberíamos intentar paliar mediante un entrenamiento especializado.

Me estoy refiriendo a aquel que nos permite desarrollar y mantener aquellas habilidades con las que hemos evolucionado a lo largo de miles de años. Habilidades que garantizan nuestra salud al permitirnos estimular a nuestro cuerpo de la manera que esta esperando.

Los nepalíes no entrenan. Solo practican. Su objetivo es buscar la manera de resolver las tareas de movimiento a las que se ven sometidos en su día a día de la manera más eficiente posible. Y eso habla de la dureza de su vida.

¿Y QUE PASA SI BAILO? EL ENTRENAMIENTO LIGADO A LA PRACTICA DEL MOVIMIENTO CULTURAL.

Algunos podríais pensar que no todas las actividades físicas están orientadas a ejecutar tareas de la vida cotidiana (de hecho cada vez menos). Y lleváis razón. Actualmente, gracias al desarrollo tecnológico que nos descarga estas tareas penosas, en nuestro país podemos darnos el lujo de derrochar ese excedente de energía simplemente disfrutando del movimiento por el movimiento. Practicamos padel, bailamos, hacemos crossfit… actividades que hacemos sobretodo con un objetivo lúdico y social. Así que de algún u otro modo, todos nos especializamos ligeramente en algunas actividades que nos gustan más. En mi caso, la natación, la bicicleta de montaña y el trail y trekking al aire libre.

Pues en ese caso opino, que a menos que quieras hiperespecializarte en una disciplina concreta (en cuyo caso si necesitarías un entrenamiento muy específico), es muy probable que si te aseguras de mantener tus capacidades humanas básicas, seas capaz de disfrutar cualquier disciplina, sin necesidad de entrenar de manera especifica. Y con el tiempo, ir mejorando progresivamente en el dominio de esa actividad a través de la práctica. Lo cual no quita, como he dicho al principio del post que aumentes tu arsenal de herramientas con algunas más especificas. Por aquello de aspirar siempre a la excelencia.

LOS BEBES NO ENTRENAN

De nuevo, cuando nacemos, no necesitamos entrenar. Tenemos todas las herramientas. Simplemente necesitamos MOVERNOS. Es decir, practicar. Ponemos en funcionamiento estas herramientas y así vamos refinando su uso. Cuando dominamos una tarea, buscamos otra mas dificil. Aprendemos a ser cada vez más eficientes, alcanzando objetivos de movimiento con el mínimo uso de energía. Y es que la práctica del movimiento tiene como objetivo precisamente eso: ser capaces de realizar una tarea con el mínimo gasto energético. Lo cual evolutívamente tiene mucha lógica.

Afortunadamente, el entorno todavía ofrece la posibilidad de que los bebes y los niños desarrollen los patrones motrices básicos: andar, manipular objetos, arrastrarse, voltearse… Pero pensemos que ocurriría si a un bebé se le privase del movimiento libre. ¿Moriría? En la actualidad, probablemente no. Sin embargo, todos estamos de acuerdo en que su capacidad para desenvolverse en la vida quedaría francamente dañada (probablemente de manera irreversible). Le estaríamos condenando a una vida miserable. Si pasados 2 años, quisiéramos que ese niño caminara, entonces deberíamos someterlo a un entrenamiento, para que recuperara algunas herramientas. Y también para que aprendiera a usarlas. De ahí, que el entrenamiento no tiene sentido sin la práctica. Ambas están íntimamente ligadas.

Sin embargo la mera práctica no puede aportarnos lo que un entrenamiento bien pensado hace. Si tras años de sedentarismo has perdido tu movilidad de cadera, no la vas a recuperar haciendo crossfit (bueno, quizás mejores ligeramente). Simplemente harás CrossFit a pesar de la limitación de tu movilidad. Porque moverse (o lo que yo llamo prácticar), habla sobre todo de COMO usamos las capacidades que tenemos. NO aumenta nuestro repertorio herramientas. Nos permite utilizarlas de manera más eficiente.

ENTRENAR ES INEFICIENTE

La base del entrenamiento es la ineficiencia. Entrenar es generar (de manera artificial) contextos lo suficientemente estimulantes como para obligar a nuestro cuerpo a generar una adaptación. Ejecutamos ejercicios en los que deliberadamente nos ponemos las cosas difíciles para mejorar. Cuando no nos permitimos realizar rebotes al final de una sentadilla: estamos poniéndonos las cosas difíciles. Si realizamos una pausa isométrica al final del movimiento: estamos poniéndonos las cosas difíciles. Cuando aumentamos el brazo de palanca que un peso ejerce sobre una articulación: nos estamos poniendo las cosas difíciles. Intentar superar estas dificultades es la manera de adaptarse y mejorar.

Esto supone que a medida que mejoremos tendremos que buscar maneras de seguir estresando a nuestro cuerpo para que encuentre un motivo para mejorar. Cuando el estrés es mayor del que somos capaces de afrontar, aparece la lesión. Por eso, en parte, entrenar es asumir algunos riesgos. Pero debemos tener claro que la exposición a estresores de creciente dificultad es la única manera de mejorar.

Es añadiendo peso como mejoramos nuestra fuerza. O gestionando cargas a final de rango como ganamos movilidad. Es aumentando progresivamente el tiempo de actividad como conseguimos más resistencia. O resistiendo nuestros impulsos como ganamos fuerza de voluntad. Todo es entrenable y todo entrenamiento supone intentar vencer dificultades.

ENTRENAR DE MANERA INEFICIENTE PARA UNA PRACTICA EFICIENTE

La práctica de una actividad es el entorno donde pones a prueba tus capacidades (adquiridas en el entrenamiento). Si esa actividad no es obligatoria, entonces quiere decir que la hacemos porque nos gusta. Así que es un premio. Cuando entreno, mido parámetros. Cuando práctico simplemente lo intento hacer lo mejor que puedo. Escucho mi cuerpo. Observo el contexto. No llevo relojes, ni me monitorizo. Solo disfruto del premio a mi trabajo. Eso yo, que no aspiro a nada más que a poder practicar mis hobbies el máximo tiempo posible.

Practicar un deporte o actividad física implica que existen unos tareas motrices que debemos conseguir. Para ello elaboramos estrategias de movimiento utilizando las herramientas de las que disponemos de la manera más eficiente posible. Tener un gran numero de herramientas bien desarrolladas nos asegura disponer de alguna que se adapte mejor que el resto al contexto.

Es deseable poner a prueba estas capacidades en entornos de complejidad creciente. Los entornos cerrados y controlados nos ayudan a aprender la mejor manera de gestionar las fuerzas que se ponen en juego durante los movimientos. Cuando un guitarrista toca un pasaje de un solo lentamente una y otra vez, está haciendo justamente esto. Simplificar el contexto en el que toca la guitarra para aprender mejor. Podemos tener todas las herramientas, pero esto no quiere decir que sepamos usarlas.

Tenemos que tener clara una cosa: en el momento en el que expones a tu cuerpo a una tarea de movimiento, a partir de ese instante, lo único que le importa a tu cerebro es conseguir finalizar la tarea. Para ello, va a elaborar estrategias que le permitan conseguirlo de manera eficiente y limitando los riesgos. Pero si esto no es posible (por no disponer de las herramientas adecuadas, por la aparición de fatiga o porque se te haya roto l zapatilla), va a asumir cada vez más riesgos en pos del objetivo. Disfrutar de la práctica es el premio a un entrenamiento realizado con cabeza que nos permite tener las capacidades necesarias para lograr finalizar la tarea con el mejor ratio riesgo/beneficio posible.

A lo largo de la práctica, son muchos los factores que influyen en al agotamiento de las capacidades de las que disponemos. Y nuestro cerebro los aprovecha de manera optima y estableciendo unas prioridades. Somos maquinas de compensar. Y estas compensaciones no deben verse como enemigas, si no como formulas que nos ayudan a alcanzar un objetivo. Pero debemos aspirar a que esa compensación aparezca lo más tarde posible.

CONCLUSION: DISFRUTAR NO ES UN DERECHO, ES UNA DECISION RESPONSABLE.

Cuando el humano sedentario se da cuenta de los efectos de la falta de movimiento en su vida, en el mejor de los casos opta por intentar ponerle remedio añadiendo algunas dosis de actividad a su rutina. Elige la actividad que más le llama la atención o la que esté más de moda y se dispone a practicarla, sin más. Esto, desde luego, es mejor que no hacer absolutamente nada. Pero con matices, ya que a veces es el camino más corto hacia la lesión. Es por ello que estás personas llegan a la conclusión de que estaban mejor cuando no hacían nada. Hacer esto supone actuar como si no nos hubiéramos pegado media vida sentados en el sofá.

Nos convencemos a nosotros mismos de que tenemos derecho a acabar un maratón en 4 meses, ya que hemos hecho el «esfuerzo» de ponernos en movimiento. Ponemos la práctica por delante del trabajo. Y valoramos más el resultado que el proceso.

El dominio de un disciplina requiere grandes dosis de tenacidad. Disfrutar del camino es la única manera de no caer en la desidia, la frustración y la toma de decisiones equivocadas que nos lleven a la lesión. Y esto, se trabaja a través del entrenamiento para aumentar nuestras herramientas. Y mediante la práctica gradual, de manera que a medida que pasa el tiempo seamos capaces de dominar tareas de creciente dificultad. Todos entendemos que intentar escalar el Gran Capitan cuando eres un escalador novato conduciría rapidamente a la frustración. Pues lo mismo ocurre con cualquier otra actividad.

Por eso, cuando practiques:

  1. DECIDE hacerlo bonito: el cerebro detecta como bellos los movimientos eficientes.
  2. DECIDE disfrutar del proceso: el aprendizaje es más consistente cuando esta ligado a emociones positivas.

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