FILOSOFIA

ADICTOS AL DEPORTE

noviembre 12, 2019

¿Cuando alguien se presenta en la clínica lesionado y te dice: «haz lo que quieras pero no me quites de correr», se puede seguir considerando que el deporte es salud? ¿O quizás deberíamos pensar que estas personas hacen deporte A PESAR de su salud? Esta situación no es para nada un caso aislado. Es más, diría que es bastante frecuente entre el deportista amateur hoy en día. Es habitual asociar deporte a salud. Sin embargo, hay un matiz muy importante entre llevar un estilo de vida activo y con movimiento variado, lo cual es imprescindible para nuestra salud física, y la práctica deportiva que se da actualmente. Pero, ¿que lleva a las personas a ser una especie de adictos al deporte?

LA DIMENSION SOCIAL DEL DEPORTE.

Se ha comprobado que es en tiempos de crisis económica cuando las personas más se han enganchado a deportes como la carrera (bien sea por asfalto o últimamente en montaña), los deportes de montaña, el ciclismo… Normalmente, casi todas las personas que hacen deporte, si les preguntas, te contestarán que lo hacen por motivos de salud. Porque les hace sentir bien. Ese «sentir bien», unido a que siempre se ha vinculado deporte con salud, les hace creer que esa es la verdadera razón por la que lo practican. Es la antesala a convertirnos en adictos al deporte.

Sin embargo, me resulta curioso que sea cuando la gente ve amenazada su situación económica y por lo tanto su status social, cuando se preocupen de su salud física. Parece más lógico creer que cuando te quedas en paro, tu máxima preocupación sería encontrar un trabajo para seguir cubriendo tus necesidades básicas: alojamiento, alimentación… que es lo que ocurre en un país como Nepal, donde no vi a nadie haciendo deporte.

Pero por suerte, en nuestros países tenemos unas ciertas garantías de no morir de hambre o de frío. De hecho, se le podrían hacer muchas críticas a nuestro Estado del Bienestar pero en general, salvo casos excepcionales, no creo que la gente cuando se queda en paro tenga miedo de morir de hambre. No obstante, quedarse sin trabajo, si tiene un profundo impacto sobre tu lugar en la sociedad. Y afecta a la manera en que te relacionas con otras personas. Esto es debido a que parte de nuestra identidad, de nuestra percepción sobre quienes somos, viene dada por nuestro trabajo.

Definirnos a través de lo que hacemos.

«Hola me llamo Silvia, y soy fisioterapeuta». Esta una forma habitual de describirnos a nosotros mismos.

Pasamos, muchas horas trabajando, así que es normal que nuestra profesión tenga un papel importante en la definición de nosotros mismos. Cuando cuentas a alguien en que trabajas, esa persona, de manera inconsciente, saca algunas conclusiones sobre ti: en que status económico te mueves, si te gusta ayudar a la gente, si te preocupa la salud… por seguir con el ejemplo de mi profesión. A veces, estas conclusiones son más acertadas que otras, pero son útiles porque te permiten ajustar tu comportamiento a la persona que acabas de conocer. Si, prejuzgar es necesario, y todos lo hacemos.

Como tener un trabajo odioso (o no tener trabajo) nos predispone a ser adictos al deporte.

Todos necesitamos tener una identidad. Como explica Mugu en este estupendo video, lo que somos y lo que pensamos acerca de lo que somos, impacta profundamente en nuestra autoestima. De manera que luchamos sin saberlo por alcanzar nuestro Yo ideal para sentirnos bien con nosotros mismos.

Cuando las personas tienen un trabajo que no les gusta o pierden su trabajo, buscan maneras de redefinirse acordes a su yo ideal. Buscan su espacio en la sociedad a través de otras actividades que no sean su empleo. Y aquí es donde el deporte entra en juego. Practicar un deporte nos permite explorar otras facetas de nuestra persona y mostrarlas a nuestros semejantes. En la era de la hiperconectividad, esto es más importante que nunca: lo que no se muestra, no existe. O es lo que nos han hecho creer.

En cualquier caso, cuando comienzas a practicar un deporte, no solo te hace sentir bien el mero hecho de moverte (que también). Cuando compartes tu práctica con la comunidad (a través de las redes sociales por ejemplo) el bienestar es también psicológico. Por ello, incluso las personas que tienen trabajos físicos, obtienen bienestar al practicar un deporte fuera del horario laboral. Sobretodo cuando esa práctica cuenta con una gran aprobación social. Motivo por el cual, es imprescindible monitorizar cada salida y compartirla en la red.

Las personas que practican un deporte se sienten parte de un grupo que comparte intereses afines. Eso produce un gran chute de dopamina en el cerebro, que nos genera felicidad y garantiza que repitamos la conducta. Somos animales sociales, ser aceptados en el grupo ha sido vital en nuestra supervivencia. La búsqueda de la aceptación es el caldo en el que se cocinan los adictos al deporte.

Y así es como poco a poco, cambiamos nuestra propia definición de nosotros mismos: «Me llamo Fulanito y he hecho un Iron Man».

La necesidad de diferenciarte del grupo.

Los humanos como animales sociales, necesitamos cubrir ese sentimiento de pertenencia, como he explicado en el anterior apartado. Pero a la vez, también deseamos diferenciarnos, que se nos valore por alguna cualidad concreta. Sentirnos especiales. La razón para ello es que la sociedad, nos guste o no, esta jerarquizada, y el ser humano busca constantemente escalar posiciones en esa jerarquía. Evolutivamente, las cualidades físicas han definido la posición que ocupábamos en esa jerarquía (sobre todo los machos), por eso, instintivamente todavía utilizamos el desempeño deportivo para compararnos con los demás.

Cuando nuestra actividad la practica mucha gente, de alguna manera terminamos aborreciéndola. No queremos ser parte de la masa, donde ya solo destaca el que gana la carrera. Como la mayoría no podemos aspirar a la victoria, queremos que se nos valore por acabar la actividad. Pero cuando eso lo hace todo el mundo, ¿qué valor tiene? Tendemos a admirar a las personas que hacen cosas extraordinarias, porque de ello inferimos ciertos valores en esa persona que nos atraen: su capacidad de trabajo y sacrificio, sus cualidades físicas innatas… etc

Recuerdo que cuando era pequeña, alguien que terminaba un maratón era considerado un ser sobrenatural. La mayoría de la gente que practicaba atletismo de manera amateur, aspiraba a correr un 10k o tardaba muchos años en plantearse correr un maratón. Hoy en día, el maratón está totalmente banalizado, de manera que encuentras gente que no ha corrido en su vida, que de un año para otro deciden prepararse esta prueba. Por eso, terminar un maratón ha perdido valor como hazaña en nuestra sociedad.

Así, el que ha corrido varios maratones, decide destacarse del resto afrontando carreras más largas. Después, lo mismo pero en montaña. Y después de eso, en montaña pero en zonas técnicas o con condiciones más extremas. Produciéndose una escalada en el riesgo que asumimos por nuestro afán de diferenciarnos. Casi nadie decide mejorar su tiempo en maratón, que implica mejorarse a si mismo, porque eso no lo sacará del montón de personas que no ganan la carrera, y por lo tanto seguirá pasando desapercibida.

Algunos dirán que lo suyo se llama espíritu de superación. A ellos les preguntaría si harían esas actividades si no pudieran contárselas a nadie.

Y es que, a menudo nos importa más lo que piensan otros de nosotros, que nuestra propia opinión de nosotros mismos. Lo cual es un problema, ya que actuaremos en base a motivaciones externas, que son más volátiles y frustrantes que la motivación interna de querer ser tú mejor versión. Este es el precio por ser «admirados».

ADICTOS AL DEPORTE Y OBLIGADOS A HIPERESPECIALIZARSE

Esta escalada en la exigencia de las actividades que practican muchas de las personas hoy en día, requiere un alto nivel de especialización. Lo normal es que un atleta que alcance la élite en estas modalidades, lleve toda una vida preparándose para ello. Habrá progresado muy lentamente, adaptado a su cuerpo muy poco a poco a la exigencia de la práctica deportiva. Y gracias a ello, son capaces de desarrollar un entrenamiento altamente específico para lograr ser los mejores. Este es el entrenamiento especifico del desaparecido Ueli Steck. Intentar imitar esto, llevará a cualquier corredor amateur a la lesión más pronto que tarde. Este tipo de entrenamientos están reservados a unos pocos, tras una vida entera de trabajo.

Sin embargo, la mayoría no tendrán la paciencia de hacer una adaptación correcta (recuperando la movilidad articular perdida tras años de sedentarismo, entre otras capacidades físicas), que les permita someterse a entrenamientos más específicos sin consecuencias. La prueba de lo que digo es que triunfan más lo programas de entrenamiento que te prometen correr un maratón en 4 meses, que los que te garantizan poder seguir corriendo pasados los 70. Vivimos en la era de la gratificación a corto plazo. Y cuando sufrimos las consecuencias, buscamos excusas que nos exculpen, en lugar de aceptar que practicábamos una actividad para la que no estábamos adaptados. O que nos habíamos planteado objetivos innecesarios.

CONCLUSIÓN

Cuando somos aceptados en un grupo, y cuando destacamos dentro del mismo, un chute de dopamina recorre nuestras venas.

Y así es como los humanos se convierten en adictos al deporte que acuden al fisio advirtiéndole «haz lo que quieras pero no me quites de correr». Personas que han construido su identidad en base al deporte que practican, y sin él sienten que no son nada. Además su cerebro de encarga de recordárselo en forma de síndrome de abstinencia. De igual manera que un alcohólico sabe que no le conviene beber, y sin embargo su cerebro no para de pedirle una cerveza más.

Personas que quieren practicar actividades altamente especializadas sin asumir la responsabilidad correspondiente.

Personas cuya motivación para moverse es extrínseca: ser aceptados, ser mejores y diferentes que el resto. Y que por lo tanto, si no existieran carreras populares o redes sociales, no se moverían.

Creo que el movimiento en la vida de una persona es salud. Y por ello, no debería estar supeditado a motivaciones externas. Motivaciones que nos hacen asumir riesgos para nuestra salud que no deberíamos estar dispuestos a asumir. Deberíamos movernos como un acto de responsabilidad y autocuidado hacia nosotros mismos. Aprender a obtener gratificación del trabajo diario y de las pequeñas mejoras que se producen gracias al trabajo constante. Aprender la importancia de plantearnos objetivos que mejoren nuestra vida a largo plazo, no que la empeoren.

Deberíamos trabajar para ser mejores, en lugar de hacer actividades extravagantes para ser aceptados. Convirtiéndonos en adictos al deporte y a la aprobación social.

Porque tú no eres el deporte que prácticas. No eres el número de km que corres. Eres mucho más que eso.

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